Predican pero no practican

Por Nicole Araya (@nicoleflancisca)
30/07/14

El 21 de mayo en del presente año, con motivo de la cuenta pública presidencial. Michelle Bachelet le anunciaba al país que durante el segundo semestre se enviaría un proyecto de ley que despenalizara el aborto en tres motivos: inviabilidad del feto, riesgo de salud de la madre y en caso de violación. 

La respuesta ante este anunció fue inmediata por parte de los diversos sectores. Pero sin dudas, la más llamativa y repudiable, fue la hecha por las diversas voces del mundo conservador. A esto me referiré en esta breve entrada, específicamente a la derecha política y los voceros de la iglesia católica. Ustedes dirán, ¿por qué perder el tiempo en estos sectores reaccionarios e inconsecuentes? Bueno, porque precisamente, es necesario desmantelar ante ustedes, lectores queridos, lo repudiable del pensamiento y discurso de estos pechoños. 

Empecemos primero por la derecha. Este sector político compuesto por dos partidos simbólicos del legado y obra de la dictadura militar: uno es Renovación Nacional y otro, la Unión Demócrata Independiente. Sus principales dirigentes han levantado la voz defendiendo la vida del que está por nacer, insinuando de paso, que los que defendemos el legítimo derecho de cada mujer a decidir sobre su sexualidad y la maternidad, somos pro-muerte, asesinos, etc. A partir de esto, dejemos en manifiesto su inconsecuencia, y hagamos un pequeño repaso histórico para constatar hechos empíricos. 

En la dictadura militar de Augusto Pinochet ocurrió uno de los hechos más sangrientos y repudiables: ocho mujeres, embarazadas, fueron detenidas y hasta el día hoy no se sabe su paradero. La vida de esas mujeres, que, quizás desearon ser madres, no se les respetó, ni tampoco la de sus hijos, mucho menos, la de los miles de compatriotas torturados, asesinados y desaparecidos. Ante esos hechos, la derecha no ha exigido justicia, sólo ha emanado de ella ese discurso que nos pide olvido, perdón y futuro. ¿Hay respeto a la vida realmente? ¿Existió en sus militantes, muchos de ellos cómplices civiles de tales hechos, defensa por la vida? Es cierto que no.


Me permito hacer un paréntesis, para demostrar la inconsecuencia otra vez presente en la derecha, esta vez con lo ocurrido con la ley de divorcio aprobada el año 2007 (fuimos el penúltimo país, después de ¡MALTA! En aprobar esta ley). En ese periodo el señor Andrés Allamand se mostraba reacio a su aprobación, así con gran parte de su sector. Estos aludían, a que de aprobarse tal ley, nos encontraríamos en suicidio social, por ser la familia (hetero parental) el núcleo básico de nuestra sociedad. Resultado: años posteriores se divorcia y vuelve a casar. 

Ahora bien, retomando el tema del aborto, ustedes se preguntarán ¿Qué hay detrás de esta postura? Los discursos legitimantes están constituidos ciertamente en la iglesia católica y toda su percepción en torno al rol de la mujer en la vida. Leamos lo que nos dice la UDI en torno a la mujer: (…) Asimismo, Unión Demócrata Independiente valora de un modo especial las virtudes y las funciones propias de la mujer como portadora de la vida, núcleo de la familia (…)
Consecuente con ello Unión Demócrata Independiente se empeñará para que se permita a la mujer compatibilizar las actividades que ella realiza en la sociedad con las funciones que le son propias, especialmente aquellas relacionadas con la maternidad, la crianza de sus hijos y el cuidado de la familia (…). 

Como ustedes pueden ver, no es casual entonces la postura de la derecha, y en particular la de la UDI. La mujer bajo sus premisas, tienen funciones propias, por tanto naturales: ser madre y criar hijos. Por tanto, promover una ley de aborto va en contra de esa ley natural. Si bien es cierto, que una de las cosas que caracteriza el sexo femenino es la de procrear, la mujer no se define solamente en torno a esa matriz. Se es mujer, pero se puede elegir ser madre.

Pasemos ahora al rol de Iglesia católica en esta discusión. Esta institución, ha levantado la voz en contra del aborto aduciendo que, la vida se debe respetar de su concepción. De hecho, Sofía Wulf, parte voces católicas, vociferó, previa reflexión profunda, en un programa de televisión que “¡Donde hay vida, hay vida!”. A partir de tal compleja argumentación, pensé “¿la iglesia católica ha defendido la vida siempre?”. Me di cuenta que no, que por ejemplo en dictadura el papa Juan Pablo II jamás intercedió por defender los derechos humanos de miles de chilenos que ya habían nacido. Es más vino a visitar a Pin8 en medio de álgidas protestas. Es obvio que siempre existen excepciones como lo fue la “Vicaria para la solidaridad” y el rol del cardenal Raúl Silva Henríquez. 

Pero no defienden la vida, no la defienden. Se atrincheran en sus dogmas, en un discurso esencialista de la vida por la vida: no defienden la vida de una mujer violada que debe ser obligada a ser madre, no la defienden cuando callan por los atropellos a niños en el territorio mapuche, no la defienden cuando callan frente a abusos sexuales a menores dentro de sus conventos, no la defienden cuando muere un hombre fuera de una clínica privada, tampoco cuando hay gente con condición sexual distinta que apela a la igualdad de derecho.

En Chile el aborto terapéutico existió, previa legalización, a través del Código Sanitario en 1931, y que desgraciadamente, a en la dictadura el año 1989 la normativa fue revocada. Parece no saber eso la Iglesia Católica, o derechamente borrarlo de sus registros. Sería bueno recordarles también que nos encontramos en un Estado Laico. Y que ellos podrán opinar lo que quiera, pero influir en las políticas públicas es retroceder al siglo XIX.

Podríamos seguir hasta mañana, y tomar este tema desde la perspectiva de la salubridad. Algo que no considero, si bien se tienen en cuenta que la realidad de hoy parece apuntar a esa arista. Pero creo que sería mejor discutir sobre los derechos sexuales y reproductivos de la madre, que es lo que precisamente se está planteando en la ONU. Sumarle a esto, lo necesario que es la educación sexual en cada uno de los colegios. Necesitamos que los jóvenes vivan su sexualidad libre y de manera responsable, cuidándose ante las enfermedades de transmisión sexual y así también previniendo de embarazos.

Abramos espacio espacios a la discusión, no censuremos ningún tema, como pretende la UDI con sus panfletos que manifiestan “que no desvíen tu atención”. Podemos discutir varios temas a la vez, cada uno igual de importante para un país que pretende avanzar hacia la igualdad de derechos.



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