Totalmente agradecida


Por Rocío Latorre (@rlatortz)
Imagen por Cata Wayne (@tequemolacasa)
07/09/14

Cuando me enteré de la muerte de Cerati pensé: "por fin". Para cualquiera que tenga una concepción de la vida como la mía la situación de Gustavo no era vida, el artista había muerto hace 4 años. Me alegra saber que el mundo y la mayoría de sus fans más acérrimos se toman su muerte física con una sensación de alivio.

Lo que hoy escribo no es para debatir el tratamiento de la noticia o qué tan hinchapelotas pueden ser los amigos de Facebook que publican cada 5 minutos "gracias totales" o "decir adiós es crecer", sino que para contar desde mi experiencia personal esperando representar al menos a parte de mis contemporáneos.

Gustavo Cerati no es de mis artistas favoritos pero si me gusta mucho, lo encuentro un artista 10/10 como diría la querida Pitchfork. Lo descubrí el 2007, año decisivo para mi bagaje cultural y musical, lo obvio es que partiera por Soda Stereo: "Signos" (1986), "Doble Vida" (1988), "Dynamo" (1992) y "Sueño Stereo" (1995) me volaron la cabeza, y me quiero detener especialmente en estos dos últimos porque son más cercanos a lo hoy, nosotros, los lolos indie escuchamos hoy.

Como dijo Pablo Picasso: "Los grandes artistas copian, los genios roban" y quiero reivindicar el concepto de "robo", que acá no es sinónimo de plagio musical sino que de inteligencia y vanguardia. En los albores de la década de 1990 un nuevo sonido se inmiscuía en la escena musical internacional, dejando atrás el New Wave o el Rock de melenas rubias, ambos tan típicos de los 80'. De la mano de bandas como My Bloody Valentine, Slowdive, Ride, Curve y Pixies, el Shoegaze comenzaba a tomar forma.
El Shoegaze fue fugaz y fue el estilo -sí, sé que es odioso etiquetar y encasillar bandas y discos en estilos musicales- madre de toda la música que se compuso en los 90', a mi parecer tuvo dos grandes vertientes: el Grunge y el Brit Pop.

Dynamo dividió a la crítica trasandina, pero 20 años después una encuesta de El Clarín dijo lo contrario el tiempo le dio la -justa- razón a este disco.
Sueño Stereo es del año que nací, debo decir que fue un buen año para el mundo de la música, el último de Cerati junto a Soda Stereo y yo jamás he visto un último disco tan bueno que cierre la historia de una gran banda, no es el mejor en la discografía pero tiene canciones que se destacan casi tanto como las de el disco anterior: Ángel Eléctrico, Disco Eterno, Ella Usó Mi Cabeza Como Un Revólver, Planta y Paseando por Roma.
No me extenderé hablando disco por disco de su carrera solista, pero si tengo un favorito: Siempre es Hoy.

Antes de escuchar a Cerati estaba muy normada por la música anglosajona, para mí el género "latino" era sinónimo de música mala (sabrán perdonar, tenía 11 años). Me di cuenta que en el continente habían cosas bacanes como Virus, Babasónicos e incluso música chilena, que antes la miraba con un dejo de desprecio. Escuchar a Gustavo fue un buen punto de partida e incluso sin ser una fanática, lo agradezco caleta.

Es inevitable que con la muerte de artistas se hable más de ellos, sus álbumes y canciones pero no considero esto como algo negativo. Sin ánimos de sonar pretenciosa es ideal aprovechar esta coyuntura para redescubrir su obra, esos discos y canciones no tan mainstream (hora de jubilar de la fogata y del karaoke a De Música Ligera) y para debatir otros temas más profundos relacionados con lo que (no) vivió Gustavo Cerati durante 4 años, 2 meses y 28 días.

En fin, el cliché de que ahora sólo nos queda su legado no puede ser más cierto, porque los clichés son eso: verdades irrefutables.



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